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DÍA 4
"Oseas y Gomer"
LEMA: De oficio, perdonador
LITURGIA
Día 4 : De oficio, “perdonador”.
Hay una mesa con micrófonos ( se pueden hacer con un tenedor clavándolo a una patata ) y una silla, y algunos periodistas esperando (con unas libretillas y tal) y de pronto aparece Dios con un ángel (un par de alas bastan y unas gafas oscuras) que le hace paso entre ellos. A Dios le sostiene el ángel un triángulo en la cabeza y va con las zapatillas y en bata o con ropa de estar en casa. Saluda a todos y se sienta. Los periodistas se sientan en el suelo y por turnos le preguntan cómo le va en el campamento etc. Al final uno de ellos se levanta y le pregunta: ”Usted, como Dios que es no dormirá nunca, claro “(Dios asiente) “Y ¿a qué dedica todo ese tiempo libre?¿Lee?¿Oye música?¿cuál es su oficio?” Entonces Dios se levanta y con una gran sonrisa dice en voz alta: “¿Yo? ¡Perdono!” Entonces el ángel dice “No más preguntas” Se levanta y se va mientras le hacen muchas fotos.
o Se explica entonces que hoy Dios nos enseña que el poder de Dios no es su fuerza fulminante ni su gran imaginación al crear el universo, sino su misericordia, es decir, que nos ama tanto que ese amor es capaz de transformar lo miserable que hay en nosotros en un hombre nuevo, de reconstituir a la persona. o Dinámica. Dios se compadece de nuestra miseria y viene al rescate ofreciendo su perdón incondicional, o sea, la oportunidad de cambiar y empezar de cero. Por eso ahora lo que vamos a hacer es hacer nosotros igual. ¿cómo? Pues vamos a darnos la paz como en la eucarística pero solo vale hacerlo con aquellos del campamento que nos llevemos mal o que hemos discutido en el campamento. Como signo de reconciliación, le damos una paloma de papel (que se puede hacer). Es un esfuerzo que merece la pena y que hará que nos parezcamos cada vez más al Señor. Podemos cantar “pon tu mano”. o Podemos comentar qué hemos sentido al reconciliarnos con los demás o al ver que venían a darnos la paz. o Damos tiempo para peticiones y demás. o Oración del joven : ¡Señor! Te llamo desde mi soledad... Para los mayores a veces soy una cosa cualquiera Para mí mismo, un enigma. ¡Qué edad la mía! Río locamente y lloro al instante. Me acobardo y ambiciono, amo y odio. No comprendo la vida. No me comprendo ni a mí mismo. Y los mayores tampoco comprenden mi situación. A ti, que fuiste joven como yo, te ofrezco mis alegrías, mis ilusiones, mis dudas, mi dolor, mis fracasos… Dame tu luz, tu gracia y tu amor. Los necesito. Renuévame, restáurame, regenérame. Dame tu Vida. Amén.
Entró el Maestro en una ciudad muy grande. La gente ya sabía quién era. Iba en su busca para ver si hacía un gran milagro. De pronto vio, subido en un árbol, a un hombre renacuajo. Se quedó mirándole y el Maestro se autoinvitó a comer en su casa. La “chusma” entró en cólera. Los discípulos oían los gritos contra Zaqueo y se dirigen al Maestro. -¿ Qué haces, Maestro? ¿ No oyes a la gente gritar contra ese hombre y contra ti por ir a comer a su casa? - El Maestro, con cara serena, les habló claramente. - Sois torpes. Ayer os hablaba de la gente que prefiero. Este hombre, por circunstancias especiales, cobra el impuesto a la gente. Le han tomado inquina, rabia, odio y no lo pueden ver. Tened en cuenta que he venido a ayudar y darle mi nueva vida a quien más lo necesita. Este hombre tiene mucha pasta, pero es infeliz. A él me debo antes que a nadie. ¿Os enteráis, so cabezotas?
¿A quién nos gusta ayudar?
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