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DÍA 4
"Oseas y Gomer"
LEMA: De oficio, perdonador
TEMA
1ª parte: INTRODUCCIÓN- Vamos a hacer un ejercicio de lectura y para ello hay que leer los siguientes textos detenidamente y en grupo, cada uno puede leer un párrafo por ejemplo.
Imaginaos a Dios loco de amor por su pueblo.
“Mi corazón está en mi trastornado, y a la vez se estremecen mis entrañas. (Os.11, 8)
Sufriendo profundamente, pues a aquellos hombres y mujeres que no eran nada, dispersos por una tierra difícil de trabajar, cansados de padecimientos, el Señor los elige: se fija en ellos. Se va enamorando de su pueblo, cada día más, y los conduce y los protege con ternura. Imaginaos. Eran muy pocos y les promete una gran descendencia: serán tantos como las arenas de la playa y las estrellas que pueblan el firmamento cada noche. Lo promete y lo hace. SIEMPRE FIEL A SU PALABRA. Pasa el tiempo y vienen dificultades. Tan grandes, que llegan a hacer preso a todo el pueblo Ahora están en Egipto, un país que prospera, pero que no es el suyo y además, lo hace con sufrimiento ajeno: el de los judíos. Sí, sí, recordemos, con el sudor, la muerte y el horror de aquellos que fueron elegidos por Él. ¿Cómo se siente el Señor? Destrozado. Lo que más quiere está sufriendo de una manera inhumana.¿Qué hará su padre del Cielo? Lo que no puede hacer nadie: los libera de los egipcios de manera asombrosa. Pero esa historia ya la conocéis. El pueblo de Israel está tan contento que ni lo cree. Cada año recuerdan por su fiesta grande, la Pascua, aquella milagrosa huida, aquel grandioso apoyo de su Dios. “Mi fuerza y mi poder es el Señor. Él es quien lo ha hecho”, proclaman al unísono, emocionados, agradecidos; Dios acaba de actuar en sus vidas salvándoles de verdad del dolor tan extremo de ser esclavos. Pero lo malo se olvida pronto y poco a poco van pensado que se merecían algo así, que son los mejores, que nadie puede con ellos. Creciendo como pueblo, empequeñecen como seres humanos y, despreciando a un Dios del que apenas se acuerdan más que para esas dos o tres fiestecillas en las que todo el mundo va tan bien vestido y sirven un banquete fenomenal, empieza cada uno a seguir sin más sus instintos, buenos o malos, qué más da, si yo soy lo único que importa.
“Yo te conocí en el desierto, en la tierra ardorosa. Cuando estaban en su pasto se saciaron, Se saciaron y se engrió su corazón, Por eso se olvidaron de mí.” (Os.12, 6 )
A Dios le duele tanto que no puede soportarlo. No sabe bien, con todo el Dios que es, cómo actuar con ellos. Él les ha hecho ser quienes son hoy. Si de algo bueno disfrutan ha sido por Él.......¿qué les ha pasado?
“Como uvas en desierto encontré yo a Israel, como breva de higuera en sus primicias vi a vuestros padres.” ( Os. 9, 10 )
Yahveh siente por su pueblo un amor tan real y pasional que se puede entender desde una profunda experiencia humana....
Y Dios se fijó en un ser humano concreto, Oseas, y le hizo un mandato extraño: “Ve, tómate una mujer dada a la prostitución e hijos de prostitución, porque la tierra se está prostituyendo enteramente, apartándose de Yahveh.”( Os.1, 2 ), de modo que quizá entiendan los hombres y mujeres de mi pueblo a través de una experiencia que pueden llegar a tener, por lo demás altamente dolorosa : la infidelidad . Oseas va a amar con todo su corazón a Gómer pero ella le será infiel.
La voz del profeta y la de Dios se confunden en un mismo clamor de pena: lo que más se ama, con quien se sueña para una vida de unión, donde la confianza y el respeto reinen para siempre, nos deja por otro. Persona, cosa, asunto, qué más da. Lo triste es el abandono de lo amado. Y esa es fundamentalmente la historia de Oseas y Gómer. La de un amor no correspondido pero que nos sorprenderá porque el que ama, todo lo espera, todo lo soporta, todo lo puede. Oseas crece en el perdón a su mujer que, cuando ya nadie la solicita y se halla sola y abandonada de sus lujos y pretendientes, Oseas, que no ha dejado ni un solo día de pensar en ella, la recibe con todo el amor de que es capaz.
El Señor nos regala un claro mensaje que poco tiene que ver con nuestros méritos o nada, pero mucho con el gran amor que nos tiene. Nos susurra al oído que nos ama, y lo más importante, que nos perdonará siempre.
“ No daré curso al ardor de mi cólera, No volveré a destruir a Efraín, Porque soy Dios, no hombre; En medio de ti yo soy el Santo, Y no vendré con ira.” (Os.1, 9)
La vida de Oseas conducido por Dios es el ejemplo, la lección a aprender.
“Yo te desposaré conmigo para siempre: te desposaré conmigo en justicia y en derecho, en amor y compasión, te desposaré conmigo en fidelidad, y tú conocerás a Yahveh.” ( Os. 2, 21-22 )
El pueblo de Dios volverá a vivir la vida verdadera para lo cual necesitan reconocer otra vez a Dios, volver a él de corazón con sincero arrepentimiento de sus pecados. Reconocer en definitiva que , fuera del Señor, somos infelices.
“Venid, volvamos a Yahveh, (.......) conozcamos, corramos al conocimiento de Yahveh: cierta como la aurora es su salida; vendrá a nosotros como la lluvia temprana, como la lluvia tardía que riega la tierra.” ( Os. 6, 1-3 )
“Sembraos simiente de justicia, recoged cosecha de amor, desbarbechad lo que es barbecho; ya es tiempo de buscar a Yahveh, hasta que venga a lloveros justicia.” ( Os.10, 12 )
“Vuelve, Israel, a Yahveh, tu Dios, pues has tropezado por tus culpas.
- Estamos ante una de las cumbres de revelación del Antiguo Testamento. Dios da aquí un paso importante en la revelación de su modo de ser: a Abrahán se le había presentado como capaz de dar numerosa descendencia a un par de ancianos estériles. A Moisés como libertador de oprimidos. Ahora, en un nuevo paso de revelación, Dios se presenta como capaz de convertir a un adúltera (a un pueblo idólatra) en esposa fiel, llena de amor y ternura... Esto es más difícil que conseguir que unos ancianos sean padres de un gran pueblo o que unos esclavos humillados tomen conciencia de su dignidad y consigan su liberación.
2ª parte: ¿Perdonar lo imperdonable? Lo que contó EL TIEMPO sobre asesinatos de 'paras' se asemeja de manera terrorífica a los que pasó en Ruanda. Yo pasé por esos campos de la muerte sin saberlo; caminos de tierra con horizontes de mar en Córdoba. A lado y lado de mi ruta de vacaciones, grandes fincas con ceibas de sombra generosa. No sabía, tal vez no quería saberlo, que justo allí, a unos metros del camino, la barbarie había sobrepasado los límites de lo humano. Y hoy quiero tratar de decir algo sobre las crónicas de EL TIEMPO tituladas 'Las fosas de los paras', crónicas de lo indecible, de duelos y dolores para los cuales ni siquiera existen adjetivos. Y releyendo estos relatos espeluznantes, volví a sacar de mi biblioteca un libro del sociólogo Jean Hatzfeld titulado El tiempo de los machetes. En este texto, y a través de entrevistas realizadas con asesinos hutus en algunas cárceles de Ruanda, el autor hace hablar a aquellos que masacraron a machetazos a 800.000 tutsis en tres semanas, sin que el mundo se conmoviera. Habla Elie, uno de ellos: "... en el fondo, un hombre es como un animal, primero uno le corta en seco la cabeza y se cae solo. En los primeros días, los que habían matado pollos y sobre todo cabras tenían ventajas sobre los otros. Se entiende. Después, todos nos acostumbramos a este nuevo oficio y lo hacíamos rápido... el trabajo nos movía.. Pero nadie puede confesar toda la verdad, al menos de que quiera ser condenable y maldito a los ojos del mundo...". Las crónicas de EL TIEMPO se asemejan de manera terrorífica a lo que contaban los asesinos de Ruanda, pues esta frase de un campesino africano podría ser la de cualquier asesino colombiano que aprendió a descuartizar con campesinos vivos. Ellos, los asesinos de aquí, apenas comienzan a hablar, tal vez aún abrumados por la enormidad de sus actos. Y me pregunto. ¿Hablar para qué? ¿Habrá perdón para lo imperdonable? Si uno de mis hijos hubiera sido uno de estos campesinos descuartizados vivos, no sé si lograría perdonar. A menos que el perdón tenga sentido justamente para lo imperdonable. No sé. Pero hoy me duele esa otra Colombia, esta Colombia rural, profunda, adolorida y a veces tan lejana de lo que vivimos en la urbe, tan lejos de "Bogotá Capital Mundial del Libro", tan cerca de una indiferencia que duele. Tal vez es tiempo de sacudir esta pereza confortable, salir a la calle, gritar para dejar huellas de nuestra indignación antes de que sea tarde y de que nos volvamos todos y todas el olvido que seremos. Y estoy ahí, frente a la pantalla de mi computador, tratando de buscar las palabras para expresar lo que siento, lo que sentí hace unos días al leer estas seis páginas de horror, pero no me salen; tal vez porque no existen o no sé encontrarlas. Pero hoy, juntando los genocidios de los judíos, de los gitanos, de los tutsis o de cualquier otro pueblo de ese triste planeta, y leyendo lo que apenas estamos descubriendo de las masacres de los paramilitares, sé, una vez más, que el mal absoluto existe. Tratamos de olvidarlo y hasta lo logramos de vez en cuando, pero no, ahí está, contado y puesto en palabras en el periódico, sin redención posible, sin explicación. Y como psicóloga me pregunto también por la infancia de estos asesinos, por las madres de estos asesinos, por los padres, probablemente ausentes; me pregunto por las maestras o los maestros que tuvieron en la escuela; es evidente que algo falló, ¿pero qué? ¿Qué pasó? Y otra vez no tengo respuesta. A Primo Levi, sobreviviente de los campos de concentración nazi, le costó la vida recordar el horror en las páginas de sus libros; se suicidó luego de lograr poner en palabras justamente lo indecible. Tal vez a este país le cueste la vida contar la barbarie, pero sólo así recuperaría la dignidad. * Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad Florence Thomas
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CAJÓN DE RECURSOS
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